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Un día en ORPEA

Diabetes en las personas mayores

Claves para controlar la diabetes en las personas mayores

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La diabetes es una enfermedad metabólica crónica muy prevalente en los ancianos. La Sociedad Española de Diabetes (SED) estima que una de cada tres personas mayores de 75 años tiene diabetes. Conoce las claves para controlar la diabetes en las persona mayores.

Esta enfermedad se debe a un mal funcionamiento del páncreas, lo que favorece un aumento de los niveles de glucosa (azúcar) en la sangre. La alimentación, el ejercicio físico y el seguimiento del tratamiento son las claves para controlar la diabetes en las personas mayores y evitar que se produzcan complicaciones que perjudiquen la calidad de vida y el bienestar de las personas que la sufren.

La diabetes se caracteriza porque el páncreas no genera insulina (diabetes tipo 1) o produce insuficiente (diabetes tipo 2) para llevar la glucosa a las células y que estas se transformen en energía. Como consecuencia de esta alteración, aumentan los niveles de glucosa en sangre. Y pueden afectar, a medio y largo plazo, a los riñones, los nervios, el corazón, las extremidades inferiores o la vista.

Para evitar que la glucosa aumente y produzca complicaciones, las personas con diabetes, además de seguir correctamente el tratamiento prescrito por el especialista, deben controlar su alimentación y practicar actividad física. Por ello, en los centros ORPEA “equipos profesionales multidisciplinares, especializados en geriatría, valoran al residente y determinan la intervención nutricional, de ejercicio físico y farmacológica adecuada a sus necesidades y a los objetivos que se pretenden lograr. Asimismo, hacen el seguimiento continuado”, explica la doctora Victoria Pérez, directora Sanitaria de ORPEA.

Alimentación en las personas con diabetes

Las personas con diabetes pueden tomar todo tipo de alimentos de forma equilibrada y en las medidas adecuadas para controlar su patología. No obstante, deben prestar especial atención a la ingesta de hidratos de carbono (pan, pasta, arroz, legumbres, cereales…), pues son los nutrientes que se transforman en glucosa.

“La Dieta Mediterránea sigue siendo la opción más recomendada”, explica Victoria Pérez. Cocina sencilla, rica en vegetales y con abundancia de frutas y verduras en la mayoría de las comidas. Asimismo, es importante mantener un peso saludable y evitar alimentos y bebidas ricas en azúcares y grasa saturadas: fritos, rebozados, empanados, bollería, salsas, alimentos procesados, cacao… Los hidratos de carbono, mejor integrales, y alcohol puede tomarse, pero con moderación.

En ORPEA el equipo médico y expertos nutricionistas elaboran menús específicos para las personas con diabetes, teniendo en cuenta las recomendaciones para estos residentes. Además, los centros cuentan con cocinas propias, en las que los chefs cocinan platos sanos y equilibrados con productos frescos y adaptados a las necesidades de las personas con diabetes.

Beneficios del ejercicio para las personas con diabetes

La actividad física es otro pilar fundamental del tratamiento de la diabetes, ya que ayuda a reducir la glucemia en sangre. No obstante, “es importante conocer cómo responde el organismo de cada persona, para regular el tiempo y la intensidad y evitar bajadas excesivas de glucosa durante o después del ejercicio”, sostiene la doctora Pérez.

Por ello, antes de practicar cualquier actividad, el equipo médico valora las capacidades de la persona mayor y prescribe aquellas que son más recomendables en su caso. En los centros ORPEA se realizan actividades físicas para mantener el buen estado físico de los residentes. Se trata de ejercicios dirigidos y coordinados por monitores que conocen las necesidades de cada persona y adaptan la terapia para conseguir unos objetivos concretos.

Control de la medicación

Controlar la medicación es fundamental para la buena salud y bienestar de la persona con diabetes. Siempre se deben seguir las recomendaciones de los especialistas. Además, se requiere de un seguimiento periódico de los índices de glucemia en sangre para evitar tanto las hiper como las hipoglucemias

Una de las complicaciones es la hipoglucemia, es decir, el descenso de los valores de glucosa en sangre por debajo de 70 mg/dl. Se caracteriza por la aparición de sudoración, mareo, confusión y, específicamente en personas mayores, caídas (con el consiguiente riesgo de fractura de cadera y de dependencia funcional).

Por otro lado, la diabetes aumenta el riesgo de eventos cerebrovasculares (ictus). Y debido a esto o al exceso de azúcar en sangre (hipergluciemias), las personas mayores con diabetes tienen mayor riesgo de presentar deterioro cognitivo y trastorno anímico.

Los profesionales de ORPEA prestan atención a todos aquellos mayores con enfermedades crónicas y/o polimedicados para conseguir una correcta adherencia al tratamiento y, en consecuencia, una mejor calidad de vida.

 

recuperación tras un ictus

Recuperación tras sufrir un ictus

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La recuperación tras sufrir un ictus requiere de una rehabilitación personalizada y adaptada a las necesidades del paciente. Así conseguirá la mayor funcionalidad y autonomía posible. En este sentido, las residencias, a través de sus estancias temporales, ofrecen servicios especializados dirigidos por profesionales expertos, que valoran e intervienen tratando las secuelas físicas, psíquicas y fisiológicas que hayan aparecido.

 

El ictus es una enfermedad cerebrovascular que supone la primera causa de discapacidad adquirida en el adulto y la segunda de demencia, después del alzhéimer. Al igual que la prevención y detección precoz del ictus es determinante, la rehabilitación de los pacientes que han sufrido un ictus es imprescindible para que recuperen la autonomía para realizar las actividades básicas de la vida diaria.

Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), dos de cada tres personas que han padecido un ictus en España tienen más de 65 años. Por ello, los centros residenciales de ORPEA abordan la rehabilitación de los pacientes de ictus. “El equipo multidisciplinar realiza una valoración integral de la afectación física/funcional y cognitiva del residente para conocer las secuelas y sus necesidades y, en base a los datos clínicos, se establecen los criterios para el tratamiento y manejo de la enfermedad”, señala la directora Sanitaria de ORPEA, Victoria Pérez.

Necesidades de los residentes

En la recuperación tras sufrir un ictus, las necesidades de los residentes son muy diferentes y dependen del tipo de ictus. “El ictus isquemico es el más frecuente y sucede cuando no llega ni oxígeno ni nutrientes a las células y se produce una lesión. Si la carencia de riego sanguíneo se prolonga, se produce un infarto cerebral. Mientras, el ictus hemorrágico es menos frecuente y sucede por la rotura de una arteria. La causa suele estar asociada a hipertensión en la arteria por malformaciones en los vasos, traumatismo craneal o una dilatación de la arteria (aneurisma). En este caso, además de no llegar sangre a las células del cerebro, puede haber presión sobre el mismo. Estos daños suelen ser más graves que los producidos por el ictus isquémico”, explica Pérez.

La rehabilitación es personalizada, con el objetivo común de lograr la recuperación del residente con las menores secuelas físicas, psíquicas y fisiológicas. Si bien las consecuencias varían, todos los pacientes siguen patrones comunes: “La afectación motora, sensitiva, cognitiva, comunicativa y/o socioemocional, entre otras, comprometen la independencia en las Actividades de la Vida Diaria (AVD), provocando la aparición de una mayor dependencia”, subraya la señala la directora Sanitaria de ORPEA.

Ahora bien, el ictus presentará la forma clínica correspondiente al territorio cerebral que haya sufrido el infarto. Entre las secuelas más frecuentes están la hemiparesia, disartria, disfagia, afasia, depresión y pérdida de funciones cognitivas.

La intervención del ictus debe ser multidisciplinar

En el proceso de neurorehabilitación, la intervención para la recuperación tras sufrir un ictus debe ser multidisciplinar, por parte de todos los profesionales: enfermeras, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, psicólogos, logopedas, etc., con el objetivo de rehabilitar las capacidades perdidas o alteradas para que el paciente pueda recuperar unos niveles de independencia óptimos.

También es fundamental establecer un plan dirigido a los profesionales de atención directa para que potencien las destrezas residuales del residente y fomenten su autonomía funcional en condiciones de seguridad. Para ello, siempre dentro de las posibilidades, es recomendable adaptar el entorno: habitación, mobiliario, estancia, comedor, etc.

Según explica Victoria Pérez, si bien trabajan de forma conjunta, “cada uno de los profesionales se centra en su campo de acción con el objetivo común de rehabilitar los aspectos motores, sensoriales o cognitivos afectados”:

  • El fisioterapeuta trabaja de forma global estructural; ayuda a reforzar destrezas como la marcha y el equilibrio, mediante la rehabilitación del miembro superior. Para ello, ofrece asesoramiento y entrenamiento en el uso de ayudas técnicas.
  • El terapeuta ocupacional potencia la recuperación e integración de los miembros superiores, entrenando al residente en las actividades básicas de la vida diaria y las instrumentales.
  • El psicólogo rehabilita la heminegligencia, el deterioro cognitivo leve, los cambios de personalidad y las alteraciones emocionales. Para ello, trabaja los cambios en la conducta social que generan problemas de convivencia y gran deterioro en la calidad de las relaciones interpersonales.
  • El logopeda aborda el déficit lingüístico. Para ello, se centra en la rehabilitación de la función perdida, en la adaptación de nuevos sistemas alternativos de comunicación o en ambas a la vez. También trabaja las alteraciones deglutorias, como las parálisis faciales y la disfagia neurológica.

 

 

las personas mayores deben comer más proteínas

Por qué las personas mayores deben comer más proteínas

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Las proteínas son uno de los macronutrientes fundamentales para el buen estado del organismo, junto a los hidratos de carbono y las grasas. Los tres se encargan de aportar energía al cuerpo; pero, además, las proteínas son clave para mantener la masa muscular y un correcto funcionamiento del cerebro. Por esta razón, las personas mayores deben comer más proteínas.

Según los expertos, cuando nos hacemos mayores necesitamos tener una dieta adecuada con un aporte de alimentos ricos en proteínas con el fin de preservar la masa muscular, máxime si se pierde peso, se padece una enfermedad crónica o aguda, o se está en el hospital. Durante estos periodos, que resultan más estresantes, el cuerpo de las personas mayores no procesa de manera eficiente las proteínas, por lo que requieren ingerir más cantidad para mantener la masa muscular y la fuerza, la salud ósea y otras funciones básicas.

Las proteínas pueden ser de origen animal o vegetal y se encuentran sobre todo en la carne, huevos, pescado, lácteos, legumbres (garbanzos, guisantes, lentejas, judías, habas…), cereales (arroz, maíz, trigo) y frutos secos (nueces, almendras, avellanas, pistachos…).

Las proteínas de origen animal son de alto valor biológico porque contienen los nueve aminoácidos esenciales que el cuerpo necesita. Esto significa que son más completas que las de origen vegetal.

Ingesta diaria de proteínas recomendada

La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece como ideal que el 15 % de las calorías diarias que se ingieran procedan de las proteínas (lo que equivale a 0,8 gramos por kilo que pesa la persona al día), el 55 % de los hidratos de carbono y el 30 % de las grasas. Sin embargo, “esta cifra de proteínas es baja porque en el envejecimiento están disminuidas las reservas proteicas en el músculo y su eficacia, por lo que se recomienda una ingesta de entre 1 y 1,25 gramos por kilo que pesa la persona al día”, explica la directora Sanitaria de ORPEA, Victoria Pérez.

Por otra parte, hay estudios que determinan que un tercio de las personas mayores no comen una cantidad adecuada de proteínas. Las razones son tan variadas como la falta de apetitito, problemas dentales, dificultad para tragar (disfagia), pérdida de sensibilidad gustativa, incluso restricciones económicas. Esta nutrición deficiente, unida a una tendencia más sedentaria en estas edades, predispone al deterioro más acusado de los músculos, lo que compromete la movilidad y la autonomía.

Además, ingerir menos cantidad de proteínas de las recomendadas también puede influir de forma negativa en el correcto funcionamiento del cerebro, provocando pérdida de memoria, dificultad en el aprendizaje o falta de concentración. Por lo que las personas mayores deben comer más proteínas. 

Tomar proteínas en todas las comidas del día

Estudios recientes ponen de manifiesto que las personas mayores que consumen una cantidad adecuada de proteínas mantienen mejor su capacidad para realizar las actividades básicas de la vida diaria (ABVD) como vestirse, levantarse de la cama, subir o bajar escaleras, cocinar, etc.

Las proteínas no se pueden almacenar, los nutricionistas aconsejan repartir su ingesta en las diferentes comidas del día. “Las personas mayores deben comer de 25 a 30 gramos de proteína por comida”, indica Victoria Pérez. Es frecuente que se incluyan proteínas en el almuerzo y en la cena, pero no tanto en el desayuno. Es en esta comida donde debe reforzarse la ingesta, complementando los lácteos (leche, yogur, queso, etc.) y cereales (pan, galletas, cereales …) con huevo, pavo o cualquier otro alimento más proteico.

Las personas mayores tienen que disfrutar de una dieta adecuada a la edad,  y adaptada a las patologías principales del mayor, satisfaciendo  sus requerimientos nutricionales. Por ello, en ORPEA disponen de cocina propia, donde se preparan menús adaptados a las necesidades de los residentes, diseñados por un nutricionista y revisados por el servicio médico.

8 beneficios de comer una cantidad adecuada de proteínas

  • Aporta energía.
  • Mantiene un buen estado de los músculos, huesos e integridad cutánea.
  • Evita la pérdida de masa corporal.
  • Mejora la capacidad funcional para realizar actividades cotidianas.
  • Ayuda a prevenir la fragilidad y la sarcopenia.
  • Favorece el correcto funcionamiento del cerebro.
  • Previene problemas de demencia.
  • Mejora el estado de ánimo, favoreciendo la socialización.
Prevenir la depresión en las personas mayores

Prevenir la depresión en las personas mayores

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Una de cada cinco personas desarrollará un cuadro depresivo a lo largo de su vida. Y una etapa con cierta predisposición es la de la tercera edad. De hecho, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) advierte de que la depresión es el trastorno afectivo más frecuente en ancianos. Por tanto, es importante prevenir la depresión en las personas mayores.

Los expertos insisten en que el ánimo triste no forma parte del envejecimiento normal y que la depresión disminuye de forma significativa la calidad de vida de la persona mayor y puede derivar en discapacidad, por lo que se convierte en un importante problema de salud. En este sentido, se hace indispensable un diagnóstico y tratamiento efectivo, así como emprender acciones que prevengan este síndrome geriátrico.

Sentimientos de inutilidad, culpa, tristeza (aunque puede no ser llamativa), ansiedad, pérdida de la capacidad de disfrute, irritabilidad fácil, baja tolerancia a la frustración, fatiga, llanto fácil, falta de concentración, dificultad para recordar detalles y tomar decisiones, pérdida del apetito, adelgazamiento y trastornos del sueño (insomnio o hipersomnia) son algunos de los síntomas más destacados que pueden alertar de que la persona está sufriendo una depresión. Por tanto, tener en cuenta estos signos es clave para consultar al médico, con el fin de que se pueda diagnosticar la depresión a tiempo. Pues el diagnóstico y tratamiento precoz evitan complicaciones cognitivas y funcionales, y revierte de manera más sencilla los trastornos que hayan aparecido como consecuencia de este cambio en el estado de ánimo.

Para prevenir la depresión en las personas mayores, los equipos multidisciplinares de las residencia realizan intervención psicoterapéutica para contención y apoyo, manejo de la pérdida y del cambio de roles. Además, “se trabaja la aceptación del deterioro funcional y la dependencia (cuando ésta sea irreversible), se enfatiza la estimulación cognitiva y todas aquellas actividades que permitan la recuperación de la esperanza y la promoción de los factores protectores de la salud mental”, asegura la directora Sanitaria de Grupo ORPEA, Victoria Pérez.

Causas que pueden producir la depresión en personas mayores

Las causas de la depresión pueden tener su origen en distintos factores. Uno de los más importantes es padecer una o varias enfermedades crónicas (diabetes, enfermedad cardiovascular, cardiopatía isquémica, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), cáncer…). Se estima que cerca del 25 % de los pacientes con dos o más patologías presenta depresión. También existen fármacos que se asocian a una mayor predisposición a la depresión. Por su parte, la doctora Victoria Pérez sostiene que “el cambio de roles, la reducción de las actividades sociales y de ocio, la limitación funcional, el dolor, el aislamiento secundario a todo lo anterior y la pérdida de autoestima asociada podrían influir y favorecer este trastorno de modo reactivo”.

Actividades que previenen la depresión en las personas mayores 

Para prevenir la depresión en las personas mayores, en los centros “se organizan actividades recreativas y espectáculos variados que tienen como objetivo facilitar la vida en comunidad, divertirse y promover diversos intereses creativos y culturales. Por otra parte, programan salidas al exterior que estimulan la socialización y rehabilitación emocional. Esta finalidad también se consigue con talleres, conferencias, teatro, canto, costura y baile”, concreta la directora Sanitaria de ORPEA.

Las actividades de fisioterapia de las residencias también aportan importantes beneficios relacionados con la mejoría y mantenimiento de la movilidad, el tratamiento no farmacológico del dolor, la rehabilitación en relación con el aspecto físico y funcional para mejorar la autopercepción y la autoestima y logran una mejor autonomía.

Del mismo modo, la terapia ocupacional se ofrece una intervención rehabilitadora en todos los sentidos, funcionales, cognitivos y emocionales, a través de talleres grupales como huerto terapéutico, musicoterapia, terapia con animales, arteterapia, cocina terapéutica, tertulias y talleres de memoria.

Como explica Victoria Pérez, “el mayor debe tener la oportunidad de acceder a todas las opciones posibles que garanticen un envejecimiento activo, participativo, que le permitan sentir que continúa formando parte de la sociedad y con propuestas interesantes que le proporcionen bienestar, seguridad  y buena calidad de vida”. 

 

Sala de multisensorial Snowzelen

Salas multisensoriales Snoezelen para personas mayores y con alzhéimer

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Las salas multisensoriales Snoezelen son espacios interactivos diseñados para estimular los sentidos, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de personas con discapacidad y personas mayores con deterioro cognitivo severo o demencia, que tienen afectadas las capacidades motoras y neurológicas.

Los sentidos nos permiten comunicarnos e interactuar con nuestro entorno. De esta manera, a través de luces, aromas, música o sonidos y texturas, las salas multisensoriales Snoezelen recrean una atmósfera que proporciona experiencias agradables que fomentan el bienestar emocional y estimulan las capacidades, tanto físicas como cognitivas de las personas.

En los centros ORPEA, las salas multisensoriales Snoezelen son un valioso recurso, “que permiten a los terapeutas crear ambientes relajados y agradables, accesibles física y cognitivamente, que estimulan los sentidos y facilita la interacción de las personas mayores con su entorno, con sus familiares, con otros residentes e incluso con los cuidadores”, destaca la directora Sanitaria de ORPEA, Victoria Pérez. Más concretamente, las personas mayores pueden trabajar la memoria, la comunicación e incluso la coordinación psicomotriz.

Cada vez son más los centros residenciales que cuentan son salas multisensoriales Snoezelen, porque ayudan a los profesionales a alcanzar sus objetivos terapéuticos y a mejora la adherencia a los tratamientos.

 

Beneficios de las salas multisensoriales Snoezelen para personas con alzhéimer

La estimulación sensorial resulta especialmente beneficiosa en personas con alzhéimer o deterioro cognitivo severo, que tienen dificultades para controlar sus habilidades psicomotrices. Este tipo de demencia altera las capacidades cognitivas, conductuales y emocionales y las salas multisensoriales Snoezelen permiten abordar estos aspectos y estimularlos.

Cuando el alzhéimer se encuentra en una fase avanzada, resulta difícil para la persona comprender su entorno y comunicarse. Por ello, estímulos tan básicos como un aroma y una canción que evoquen recuerdos o una luz en movimiento que despierte su curiosidad suponen un gran avance; sobre todo, porque también invitan al usuario a escoger qué elemento de su entorno hace que se sienta mejor o más cómodo, lo que aporta una información de valor incalculable a sus cuidadores.

“La posibilidad de elección mejora la autoestima y el autocontrol de los residentes, lo que reduce el estrés y mejora su estado de ánimo. Por tanto, las salas multisensorial Snoezelen ayudan a personas con alzhéimer a mantener el contacto con su entorno y, sobre todo, a que su cerebro continúe siendo receptivo a los estímulos», subraya la doctora Pérez.

 

5 Elementos que ofrecen las salas multisensoriales Snoezelen

Partiendo de los cinco sentidos, las salas multisensoriales Snoezelen ofrecen a los profesionales diferentes elementos que facilitan la consecución de sus objetivos terapéuticos:
• Vista: fibra óptica, tubos de burbujas que cambian de color, discos de efectos que se proyectan.
• Tacto: paneles de texturas, cajas con distintos productos de diferentes tamaños, formas y texturas.
• Olfato: difusor de aromas.
• Gusto: mordedores y masticadores.
• Oído: paneles musicales, instrumentos, música ambiental, cama de agua con vibración al compás de la música.

“El terapeuta realizará una evaluación continua de los residentes y adaptará los distintos elementos disponibles para estimular sus capacidades, en función de los objetivos terapéuticos que el equipo de profesionales se ha propuesto alcanzar”, concluye la directora Sanitaria de ORPEA.

El Día Internacional de las Personas Mayores pretende reducir las desigualdades por edad

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El 1 de octubre se celebra el Día Internacional de las Personas Mayores, que este año tiene como lema “Viaje hacia la igualdad de edad”. Empoderar a las personas mayores en todos los ámbitos de desarrollo (participación social, económica y política) ayuda a garantizar su inclusión, reduciendo las desigualdades por edad.

Para Grupo ORPEA, la participación de los mayores es clave para prevenir cualquier forma de exclusión y para fomentar un envejecimiento activo. Por eso, uno de los objetivos de la atención es mantener las capacidades físicas, mentales y emocionales de los residentes durante el mayor tiempo posible. En este sentido, nos decantamos por un modelo de atención centrado en la persona, que se ajusta a las necesidades del mayor, pero también a sus gustos y preferencias.

El mero hecho de cumplir años no debe ser un factor que nos haga perder derechos. Por eso, en ORPEA, aunque hacemos partícipes a la familia del cuidado del residente, la persona mayor es el verdadero  protagonista de su proyecto de vida y toma las decisiones. En nuestros centros pueden elegir cómo quieren vivir, qué ropa ponerse, qué menú comer o cómo decorar su habitación.

ORPEA también tenemos presente la importancia de la socialización, para permanecer activos, y de la formación, para evitar brechas de ningún tipo. Por eso, las actividades y talleres organizados en nuestras residencias, además de mejorar el bienestar y la salud de los mayores, logran este doble objetivo de relacionarse con otras personas y seguir aprendiendo durante toda la vida.

 

Relaciones intergeneracionales para una mayor igualdad

En Grupo ORPEA también valoramos muy positivamente las relaciones intergeneracionales como medida para romper las desigualdades que sufren las personas mayores. Por eso organizamos actividades y jornadas intergeneracionales, en las que se consigue que chicos y personas mayores compartan conocimientos y experiencias. De este modo, promueven la empatía y luchan contra las desigualdades.

Ejemplo de ello son las actividades que se organizan con los institutos cercanos a los centros ORPEA o la colaboración con iniciativas como Adopta un abuelo, un programa de acompañamiento a mayores; Proyecto Estelar, para el que los residentes de ORPEA contribuyen cosiendo gorros y haciendo manualidades para los niños prematuros, o Disfruta de la Experiencia, un programa de animación del tiempo libre formado por un equipo multidisciplinar de profesionales que trabajan en Andorra con el colectivo de personas mayores.

Pero sin duda la mayor apuesta de ORPEA por la intergeneracionalidad es el centro ORPEA Meco. Se trata de la  primera residencia de mayores con escuela infantil incorporada, donde cada día es una experiencia intergeneracional.

 

 

terapia con animales

Beneficios de la terapia con animales para las personas mayores

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Los beneficios de la terapia con animales para las personas mayores es indiscutible.El vínculo afectivo que surge entre las personas y los animales es incondicional y muy beneficioso. De hecho, numerosos estudios aseguran que compartir tiempo con animales domésticos ayuda a disminuir la tensión arterial y la frecuencia cardíaca. Además, disfrutar de su compañía reduce el estrés y la ansiedad, lo que mejora el bienestar y calidad de vida. También combate la soledad de las personas mayores y previene el sedentarismo.

Los profesionales de ORPEA han comprobado que los lazos afectivos que se generan en las Terapias Asistidas con Animales (TAA) “nos  ofrecen una fuente inagotable de recursos terapéuticos para abordar diferentes patológicas. Y lo que es mejor aún,  nos ayudan a implicar al residente en la terapia propuesta de una forma sutil pero que, en muy poco tiempo, proporciona beneficios físicos, sociales, emocionales y cognitivos a nuestros residentes”, señala la terapeuta ocupacional de ORPEA Cartagena, Rocío Rodríguez Costa.

Las terapias con animales son intervenciones directas con objetivos definidos, en las que participan animales que reúnen unos criterios específicos. En este sentido, Rocío incide en la importancia de contar con una planificación previa y con un programa terapéutico estructurado, “así como con un seguimiento, registro y evaluación de los resultados. Y lo más importante, la participación controlada de un animal, que trabaja como  facilitador para conseguir nuestros objetivos”. Si bien perros y gatos son los animales más habituales en este tipo de terapias, también pueden intervenir pájaros, hurones, etc.

Las terapias con animales se han convertido, por tanto, en una alternativa más para trabajar con los residentes para mejorar su calidad de vida. “En  ORPEA promovemos y motivamos unas terapias saludables y beneficiosas. Tratamos que las sesiones sean divertidas y procuramos que surja una conexión especial entre los animales y nuestros usuarios”, subraya Rocío.

 

Respuesta de los residentes con demencias

La respuesta física y cognitiva a las terapias con animales resulta especialmente positiva en las personas con alzhéimer o demencia avanzada. “Muchos usuarios han demostrado un fuerte vínculo afectivo con los gatos y perros que nos visitan. Los residentes nos trasmiten los buenos recuerdos que han vivido en su juventud con un animal y ese vínculo es innato e, incluso, es habitual que los residentes con demencia recuerden cómo se llamaba su mascota”, reconoce la terapeuta.

Es más, la terapeuta asegura que esta relación de afinidad es tan fuerte que ha conseguido, en muy pocas sesiones, “generar un nivel de estimulación tan alto como para  observar resultados en poco tiempo. Estas conexiones generan sentimientos, recuerdos y cariño, que luego vemos reflejados en otras actividades con el resto de compañeros”.

 

Principales beneficios de las terapias con animales

Prácticamente la totalidad de los residentes pueden participar en una terapia asistida con animales,  ya que sus fines y beneficios terapéuticos son numerosos:

  • Aumenta la movilidad y mejora las capacidades funcionales. Por ejemplo, cuando un residente acaricia a un gato está trabajando la recuperación funcional de la mano.
  • Mejora las funciones cognitivas, mediante ejercicios que generan una conexión emocional con usuarios más afectados cognitivamente. Volver a tener contacto con perros y gatos les permite recordar y estimular la memoria.
  • Durante la terapia, los residentes expresan emociones: reciben y dan afecto, lo que permite potenciar las habilidades sociales y comunicativas del residente, así como su interacción con el entorno.
  • Pasear perros, darles de comer o cepillarles el pelo hace que las personas dependientes se conviertan en cuidadoras, lo que mejora su autoestima.
  • Reduce la sensación de soledad. Disminuyen los índices de estrés y los cuadros de depresión. Esto permite la reducción del uso de medicamentos.

“Como estas actividades resultan muy divertidas y entretenidas, son muy bien recibidas por los residentes. Esto nos permite crear un refuerzo positivo en el residente, que desea repetir la actividad y, de esta manera, logramos alcanzar los objetivos relacionados con la rehabilitación física y cognitiva. Evidentemente, cada actividad se adapta a las capacidades y el grado de dependencia del residente”, explica Rocío Rodríguez.

En ORPEA, la implementación de la terapia con animales ha sido muy satisfactoria. “Todo el personal observa los resultados de este tipo de dinámicas, a las que invitamos a las familias para participar”, concluye.

 

 

 

Hidratación correcta en caso de disfagia

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Mantenerse correctamente hidratado es fundamental para un buen estado de salud y un envejecimiento saludable. En verano, las personas mayores deben tener especial cuidado porque se suda más por el calor y su sensación de sed está reducida, lo que les puede llevar a ingerir menos cantidad de líquido del que necesitan. Beber agua, infusiones, leche, batidos, zumos, gazpacho, etc. y tomar alimentos con importantes cantidades de agua, como la fruta y la verdura, favorece una mejor hidratación. El problema surge cuando estas personas mayores presentan disfagia o dificultad para tragar, en cuyo caso, es necesario modificar las texturas. Gelatinas, aguas gelificadas y la comida texturizada son recursos muy interesantes para lograr una hidratación correcta en caso de disfagia.

La disfagia es la dificultad para deglutir o tragar alimentos, tanto sólidos como líquidos, e incluso la saliva. Esta dolencia puede provocar tos y atragantamientos, que se puede complicar si los alimentos pasan a las vías respiratorias, lo que podría producir una infección pulmonar grave e, incluso, una neumonía.

El propio proceso de envejecimiento es una causa en sí misma de la disfagia por el debilitamiento de los músculos implicados en acción de masticar y tragar, la pérdida de piezas dentales o la reducción de la salivación. Las personas con enfermedades neurodegenerativas, como alzhéimer o párkinson, también tienen mayor riesgo de padecer disfagia.

Cuidado con la desnutrición y la deshidratación
El enorme esfuerzo que supone para las personas con disfagia beber y/o comer, puede provocar desnutrición y deshidratación. De ahí la importancia de planificar una correcta alimentación, que exige la modificación de la textura de los alimentos.

“Tanto si la persona padece disfagia a sólidos como a líquidos o a ambos, los alimentos deben tener una consistencia suave y uniforme”, explican desde el Departamento Sanitario de ORPEA.

Por una parte, los sólidos deben presentarse triturados y evitar las dobles texturas que pueden encontrarse en platos como lentejas, sopas, bizcocho mojado en leche, etc. En este sentido, los chefs de los centros ORPEA preparan comidas texturizadas para los residentes con problemas de deglución, que modifican la textura de la comida, preservando los sabores y garantizando el aporte nutricional que necesitan y, todo ello, sin descuidar una atractiva presentación.

Por otra parte, los alimentos líquidos, como agua, leche, zumos o caldos, deben mantener una consistencia fina pero espesada. Para ello, las gelatinas y las aguas gelificadas se convierten en perfectas aliadas para que la persona con disfagia esté hidratada, porque en su mayoría son agua y ofrecen una consistencia resbaladiza, que evita que el alimento líquido quede retenido en la garganta, y cohesiva, que permite que no se divida o fragmente fácilmente ni que se pegue en el paladar. Además, proporcionan una sensación de frescor en la boca, muy agradable y refrescante en los meses de verano.

Tipos de espesantes
No todos espesantes tienen las mismas propiedades ni se comportan de la misma manera. Por tanto, “cuando buscamos modificar la textura de los líquidos debemos tener en cuenta los diferentes tipos de espesantes que existen”, advierten los profesionales de ORPEA.

Las gelatinas comerciales están elaboradas con colágeno que le confieren su viscosidad pudín, pero esa textura no se mantiene estable cuando entra en contacto con la boca o se encuentra a una temperatura superior a 25ºC. Entonces, esa viscosidad se transforma en líquido y aumenta el riesgo de atragantamiento de las personas con disfagia. Por lo tanto, es un producto con el que hay que tener cierta precaución. Respecto a sus propiedades nutricionales, es una importante fuente de proteínas y aminoácidos esenciales.

Por su parte, las aguas gelificadas, elaboradas con gomas, mantienen su textura a temperatura ambiente y en contacto con la boca, y se pueden mezclar con otros alimentos como yogur, flan, natillas, papillas de frutas, etc. “De esta manera, son seguras para hidratar a personas con disfagia, ya que el alimento se deshace en el estómago”, sostienen.

En el mercado también se encuentran espesantes comerciales a base de almidón, maltodextrinas y gomas, que mantienen una consistencia adecuada y no se modifican en contacto con la saliva.

También existen espesantes naturales a los que podemos recurrir para lograr la textura deseada en casa. El problema es que no espesan a cualquier temperatura y algunos de ellos alteran el sabor de los alimentos.

Prevenir los problemas de circulación

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Los problemas de circulación afectan a la mayoría de las personas mayores y pueden derivar en patologías graves como, por ejemplo, úlceras venosas. Se producen a causa de un flujo sanguíneo inadecuado, que es la incapacidad de las venas para que la sangre continúe su camino, lo que provoca que circule de forma más lenta y se acumule en las extremidades, sobre todo en las piernas y los pies. Es lo que se conoce como insuficiencia venosa, que se ve agravada por malos hábitos de vida, como fumar o abusar del consumo de alcohol, llevar una dieta rica en sal y grasas saturadas, tener sobrepeso y tomar ciertos medicamentos. “Los problemas de movilidad, que obligan a las personas mayores a permanecer más tiempo sentadas, también es un importante factor de riesgo”, explican desde el Departamento Sanitario de ORPEA. Estos expertos nos muestran cómo prevenir los problemas de circulación.

¿Tengo problemas de circulación?
Los síntomas de los problemas de circulación en las piernas son fáciles de identificar. Los profesionales de ORPEA enumeran los principales:

  • Hormigueo y calambres o pinchazos. Los depósitos de grasa bloquean el flujo sanguíneo de las arterias, lo que impide que la sangre fluya a las extremidades produciendo una característica sensación de adormecimiento.
  • Hinchazón e inflamación de las extremidades y sensación de pesadez, sobre todo de las manos y tobillos, especialmente a última hora del día. La retención de líquidos también favorece la hinchazón.
  • Arañas vasculares. Su color suele ser rojizo o azul y se producen en la capa más superficial de la piel.
  • Las venas se ensanchan y dilatan, porque la sangre se acumula en ellas. Es habitual, sobre todo, en personas que pasan mucho tiempo en la misma posición.
  • Alteraciones en el color de la piel y uñas, porque no llega suficiente oxígeno y toman tonalidades azuladas.
  • Piel muy seca, ya que la sangre no llega a las zonas más superficiales de la piel. Incluso pueden aparecer heridas.
  • Frío en manos y pies, ya que la sangre no retorna de manera correcta y no puede mantener la temperatura.
  • Grietas en el talón por falta de riego sanguíneo.
  • Cicatrización lenta de heridas, porque los glóbulos blancos no se muevan a la velocidad adecuada. También pueden aparecer úlceras.

Todo ello hace que la persona se sienta más cansada y sus movimientos sean más lentos, ya que la mala circulación sanguínea hace que el oxígeno y los nutrientes lleguen con más dificultad a las extremidades.

Consejos prevenir problemas de circulación
Para prevenir problemas de circulación, lo más aconsejable es apostar por hábitos de vida saludables. “Una dieta equilibrada, rica en frutas y verduras, y baja en sal y grasas saturadas, es el punto de partida; así como una correcta hidratación para evitar la retención de líquidos”, subrayan desde el Departamento Sanitario de ORPEA.

Por otra parte, caminar y practicar ejercicio mejora la circulación. “Si la persona tiene problemas de movilidad, puede elevar las piernas cuando se encuentre sentada o tumbada y, al mismo tiempo, mover los dedos, los pies, las manos o las piernas como si estuviera montando en bicicleta para activar la circulación”, recomiendan. En este sentido, los masajes en piernas y pies resultan muy efectivos. Al igual que ducharse con agua templada y acabar con un chorro de agua más fría de lo habitual, haciendo especial hincapié en las piernas y tobillos. Después del baño es importante hidratar bien la piel con una crema adecuada para evitar la sequedad o la aparición de durezas y grietas.

Otra cuestión que hay que tener en cuenta es la conveniencia de utilizar ropa y calzado cómodo y holgado, evitando calcetines que presionen las piernas. Sin embargo, las medias de compresión ayudan a evitar la aparición de varices, aunque su uso debe estar supervisado por un especialista.

Finalmente, recordar que con el calor las venas se dilatan, lo que dificulta el retorno de la sangre y, por tanto, debemos evitar la exposición prolongada al sol. Por el mismo motivo, en invierno no debemos ponernos cerca de fuentes de calor directas como radiadores, braseros o chimeneas.

Comidas para ayudar a combatir el calor

By | Un día en ORPEA | No hay comentarios

Las altas temperaturas hacen que el apetito disminuya, sobre todo en las personas mayores. Para contrarrestarlo, es recomendable pensar en menús menos calóricos pero más ricos en vitaminas, sales minerales, fibra y agua. En este sentido, el gazpacho es una comida ideal para el verano y las épocas de más calor. De hecho, se convierte en el plato estrella en los hogares españoles y, como no podía ser de otra manera, también forma parte de la dieta de verano en los centros ORPEA. Además de resultar fresco y sabroso, es un plato de fácil masticación.

El ingrediente principal es el tomate, un alimento con poco contenido energético, ya que, aproximadamente, el 95 % de su peso es agua. El bajo aporte de calorías se debe a su bajo contenido en hidratos de carbono, proteínas y grasas. Sin embargo, es rico en vitaminas y minerales. La vitamina que tiene más presencia es la C, que resulta vital para la salud cerebral, ya que mejora el estado de ánimo, reduce el estrés y la ansiedad, ayuda a combatir la depresión y reduce los síntomas de fatiga. Asimismo, favorece el flujo sanguíneo y mejora la presión arterial, ayudando a prevenir enfermedades cardiovasculares.

El tomate también contiene ácido fólico o vitamina B9, cuyo déficit es frecuente en la vejez. Su ingesta mejora la memoria y las funciones cognitivas. Por otra parte, es fuente de minerales, como potasio, fósforo y magnesio; y tiene un contenido importante de fibra, que ayuda a mantener un buen tránsito intestinal. Sin olvidar el licopeno, uno de los nutrientes más importante de los tomates, que es el encargado de darle el color rojo y tienen propiedades antioxidantes.

Además del tomate, para la elaboración del gazpacho se utilizan otras verduras y hortalizas:

  • Pepino, una hortaliza poco calórica debido a su reducido contenido en hidratos de carbono y a su elevado contenido de agua que, junto a la fibra, resulta beneficioso para las personas mayores que padecen acidez o digestiones pesadas. También es rico en vitamina C y minerales, sobre todo, potasio y en menor proporción fósforo, magnesio y hierro.
  • Pimiento verde, una verdura que carece de grasas y proteínas. Su macronutriente mayoritario son los hidratos de carbono y entre sus nutrientes se encuentran las vitaminas A, B9, K y C.
  • Cebolla, una verdura muy ligera que está constituida en un 90 % por agua y tiene muy pocas calorías. Es rica en fibra y potasio, y tiene propiedades antiinflamatorias, estimula el sistema inmunitario, es antiséptico y reduce la hipertensión arterial, los triglicéridos y el colesterol. Además, es diurética y ayuda a eliminar líquidos y toxinas.
  • Ajo, que es un importante vasodilatador muy beneficioso en la nutrición de los mayores para combatir la hipertensión arterial y favorecer la circulación; siendo recomendable su ingesta en verano, ya que se tiende a retener líquidos.

El gazpacho también se elabora con aceite de oliva que, gracias al alto contenido en ácidos monoinsaturados (ácido oleico) y poliinsaturados (ácido linoleico), disminuye el colesterol, combate la diabetes, previene el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, fortalece el sistema inmune, protege el cerebro de los procesos neurodegenerativos y mantiene los huesos fuertes.

Resumiendo, los beneficios del gazpacho son muchos: hidrata y refresca, es rico en vitaminas, minerales, fibra y grasas saludables. ¿Qué más se puede pedir?

Prepara gazpacho
Las proporciones son orientativas, ya que cada cocinero le da su toque especial en función de sus gustos.

  • 1 kilo de tomate pera madura.
  • ½ Pimiento verde italiano.
  • ½ pepino.
  • 1 dientes de ajo.
  • 50 mililitros de aceite de oliva virgen extra.
  • 20 mililitros de vinagre de Jerez.
  • 250 mililitros de agua.
  • Una cucharadita de postre de sal.
  • Opcional: pan duro para espesar.

 

 

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