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Un día en ORPEA

controlar glaucoma personas mayores

Controlar el glaucoma para evitar problemas de ceguera

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La vista es uno de los sentidos más importantes para que las personas tengan autonomía. Sin embargo, con el envejecimiento pueden aparecer alteraciones que afecten a la visión y enfermedades más graves, como el glaucoma, que puede causar ceguera. Por lo tanto, para mantener una correcta salud visual en las personas mayores es crucial que se realicen revisiones periódicas y se apliquen tratamientos adecuados.

Según el Consejo General de Ópticos Optometristas, el 3,5 % de los mayores de 70 años padecen glaucoma, una patología crónica que se considera la segunda causa de ceguera en el mundo y la primera de ceguera irreversible.

Se trata de una enfermedad del nervio óptico producida por un aumento de la presión intraocular, que provoca una reducción de la visión y que puede derivar en ceguera si no se trata correctamente.

Tanto la pérdida de visión como la ceguera afectan de manera preponderante a la calidad de vida, autonomía y bienestar de las personas mayores, impidiéndoles realizar sus actividades diarias y moverse con seguridad y soltura.

 

¿Cómo controlar el glaucoma?

El glaucoma puede llegar a provocar ceguera en el 5 % de los casos, si no se detecta y se trata a tiempo. Pero, a pesar de su gravedad, la mitad de la población afectada desconoce que lo padece porque, en general, no causa síntomas en las fases iniciales.

Por tanto, para controlar el glaucoma, se debe diagnosticar de manera precoz. Las revisiones periódicas de la vista a las personas mayores es la herramienta más eficaz para determinar si de padece esta enfermedad. Es sencillo mediante una prueba para mirar el fondo del ojo y comprobar su presión intraocular. Y, en el caso de sospecha, se remite al oftalmólogo.

Los equipos multidisciplinares de las residencias ORPEA realizan reconocimientos y exploraciones de las personas mayores residentes en sus centros para verificar cualquier alteración o problema de salud, entre ellos los relacionados también con la vista.

Importancia de una correcta adherencia al tratamiento

Una vez que se diagnostica un glaucoma, los especialistas determinarán en qué estadio se encuentra para iniciar el tratamiento más adecuado.

En general, suelen ser soluciones de aplicación local que están enfocadas a reducir la presión. Por lo que se su aplicación de forma correcta y una adherencia al tratamiento son muy importantes para evitar que el nervio óptico siga dañándose si la presión aumentara con el tiempo.

En este sentido, la labor de las enfermeras y las auxiliares de los centros ORPEA es clave porque se ocupan de que las personas mayores se apliquen de manera adecuada la medicación y en el tiempo que corresponda.

Según los expertos, el glaucoma es una de las patologías de la visión más estudiadas actualmente y en la que más avances se producen, lo que mejora considerablemente la calidad de vida de los afectados.

terapia de reminiscencia, personas con demencia

La terapia de reminiscencia mejora el humor, la comunicación y la autoestima de personas con demencia

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La terapia de reminiscencia es una técnica que se aplica en las personas con demencia para favorecer las relaciones sociales y la comunicación, reforzar la autoestima y la identidad y conseguir un mejor estado de humor.

Pérdida de memoria, alteraciones en el comportamiento y problemas de la comprensión son algunos de los síntomas más frecuentes en las personas con demencia. La falta de memoria es lo más significativo. Dependiendo de la fase en la que se encuentren, las personas pueden olvidar acontecimientos más recientes, conversaciones previas o a personas cercanas, lo que afecta a la cognición y a la manera de entender las cosas, y como consecuencia al estado de ánimo y al comportamiento.

Con el fin de estimular la memoria episódica o autobiográfica, que es aquella referida a los recuerdos personales, y la memoria semántica, que contiene los conocimientos sobre datos históricos relevantes y los conceptos y el lenguaje, las residencias ORPEA emplean terapia de reminiscencia en aquellas personas con cualquier tipo de demencia.

Otros objetivos de la aplicación de esta terapia es favorecer las relaciones sociales y la comunicación, permitir la reconstrucción del pasado y reforzar la autoestima y la identidad.

Qué es la reminiscencia

Como explican las terapeutas ocupacionales de ORPEA, la reminiscencia es una técnica que favorece la evocación de recuerdos y sucesos del pasado conectándolos con el presente, con la finalidad de conseguir fortalecer y consolidar la propia identidad de cada uno, frente a los cambios que supone el proceso de envejecimiento o enfermedades como la demencia.

Según estas especialistas, se trata de una técnica muy completa porque utiliza la estimulación, la comunicación, la socialización y el entrenamiento como herramientas y está indicada principalmente para los estadios leves o moderados de deterior cognitivo, aunque su uso se extiende, en ocasiones, a estadios avanzados.

El poder de los recuerdos

En los centros ORPEA, para desarrollar la terapia de reminiscencia, cuentan con salas o espacios especiales diseñados y decorados como si de una estancia de los años 50 se tratara. De este modo, se ayuda a los residentes a situarse en ese momento histórico, a recordar situaciones y experiencias a través de los elementos que ven en su entorno. Este recurso es de gran ayuda en las sesiones, consideran las terapeutas ocupacionales de ORPEA.

Y es que, como recuerdan, la aplicación de la terapia de reminiscencia consiste primero en mostrar materiales relevantes, vinculados con la propia experiencia pasada de la persona y de acontecimientos intergeneracionales propios de cada época.

Para ello, además, se recopilan fotos, música, olores, sabores, publicidad, etc., que son utilizados en diferentes actividades como la caja de recuerdos, libros de experiencias personales, dibujos e incluso a través de preguntas realizadas tras la narración de hechos culturales o históricos vinculados a las personas. Además, se produce la evocación de recuerdos preservados en el tiempo lo que propiciará comentarios y relatos personales.

En este sentido, es muy importante que los profesionales tengan en cuenta la historia de vida de las personas mayores, ya que “los recuerdos se encuentran inmersos en diferentes contextos sociales, por lo que están influidos por factores sociales, donde se incluyen la familia y otros significativos, además de factores culturales e institucionales”, aseguran.

En la terapia de reminiscencia, cuyas sesiones duran entre 30 y 40 minutos y pueden ser individuales o grupales, el terapeuta ocupacional actúa como oyente y la persona que sufre deterioro hace un recorrido vivencial de sus experiencias. De este modo, se estimula la reserva de la memoria remota para que se pueda preservar, así como el sentido de identidad y la comunicación. Todo ello tiene un impacto positivo en la cognición, el humor, en el comportamiento y en la calidad de vida de estas personas con demencia.

Beneficios de las relaciones sociales para los mayores

Beneficios de las relaciones sociales en las personas mayores

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A medida que envejecemos, las redes sociales se van reduciendo, lo que afecta directamente a la calidad de vida. Por ese motivo, las personas mayores deben esforzarse en fortalecer las relaciones sociales existentes y en crear nuevos vínculos sociales.

Somos seres sociales. Vivimos compartiendo experiencias con nuestra pareja, hijos, amigos, vecinos, etc. Y también debemos envejecer en sociedad, porque las relaciones sociales proporcionan beneficios muy saludables: mejoran la autoestima, fomentan la autonomía personal y, en definitiva, previenen la aparición de situaciones de dependencia.

Existen diferentes tipos de relaciones sociales que promueven un envejecimiento activo y saludable:

  • Relaciones familiares proporcionan vínculos afectivos indispensables, que aportan seguridad.
  • Relaciones de amistad con personas con gustos afines con quien compartir confidencias, experiencias vitales y actividades.
  • Relaciones intergeneracionales. Se dan entre personas o grupos de diferentes edades que intercambian experiencias y conocimientos. Resultan muy favorables para ambos colectivos.
  • Redes de apoyo vecinales. Una persona que participa en su comunidad desarrolla un sentimiento de pertenencia a un grupo, que interactúa y se ayuda.
  • El voluntariado es una de las actividades que mayores beneficios aportan a las personas mayores.

Todas estas relaciones sociales mejoran el bienestar físico y emocional de las personas mayores, lo que ayuda a afrontar de manera positiva los cambios vitales propios de la edad.

 

Socialización también en las residencias

Las relaciones sociales también son muy importantes para que las personas mayores de los centros residenciales disfruten de un envejecimiento saludable. Conscientes de que la socialización mejora su capacidad funcional y salud emocional, en los centros ORPEA diseñan actividades que fomentan las relaciones sociales. Es más, la directora Sanitaria de ORPEA, Victoria Pérez, subraya que “cuando ingresa un nuevo residente, un equipo multidisciplinar de profesionales realizan una historia de vida, donde se recoge toda la información sobre sus vínculos familiares, sus necesidades sociales y afectivas”.

A partir de ahí, y teniendo muy presente los hábitos y aficiones de cada residente, “diseñamos un programa de atención individualizado que tiene como uno de sus principales objetivos la integración del residente en las diferentes actividades que se desarrollan en el centro, en función de sus preferencias y estado de salud físico, cognitivo y social”, explica Pérez.

En los centros ORPEA se organizan actividades al aire libre, excursiones y visitas culturales, lo que también promueve las relaciones sociales entre los residentes y de estos con los profesionales del centro. 

“Así conseguiremos que los residentes se integran en el centro e interactúan con su entorno de manera natural, consiguiendo aumentar su autoestima y mejorar su salud física y emocional”, apunta la directora Sanitaria de ORPEA.

 

Comedores de invitados

Precisamente para reforzar los vínculos sociales de los residentes y, al mismo tiempo, para proporcionar una atención integral al mayor, los centros ORPEA abren sus puertas a familiares y amigos de los residentes que quieran disfrutar de una comida, merienda o cena en un ambiente más íntimo y acogedor. Se trata de los comedores de invitados, unos espacios diseñados dentro del propio centro que acogen a las familias que lo soliciten.

“Estos comedores ofrecen un espacio reservado para que las familias se sientan como en casa y puedan compartir una comida especial con su padre, madre, hermano, etc. Pero también los amigos pueden disfrutar de este espacio”, detalla la directora Sanitaria de ORPEA.

 

Relaciones intergeneracionales

Una de las formas de socialización que produce más beneficios en las personas mayores son las relaciones intergeneracionales. Pasar tiempo y compartir actividades con niños y jóvenes tienen implicaciones positivas para ambos colectivos. “Es una manera de intercambiar conocimientos y de acercar a dos generaciones que pueden nutrirse con sus experiencias y valores. Además, es una forma de promover la empatía y luchar contra las desigualdades o tipos de discriminación”, destaca Victoria Pérez. En ORPEA valoran muy positivamente las relaciones intergeneracionales y organizan actividades y encuentros intergeneracionales. Ejemplo de ello son los encuentros con los colegios y los institutos cercanos a los centros ORPEA o la colaboración con iniciativas como Adopta un abuelo, un programa de acompañamiento a mayores.

 

Actividades de voluntariado

Las actividades de voluntariado también aportan importantes beneficios a las personas mayores porque se comprometen con la sociedad de la que forman parten y se sienten útiles, lo que mejora su autoestima.

Teniendo en cuenta estas ventajas, las residencias ORPEA colaboran con proyectos como Estelar, para el que los mayores contribuyen cosiendo gorros y haciendo manualidades para los niños prematuros, o con organizaciones como la Fundación Pulseras Candela, para la que elaboran pulseras que contribuyen en la investigación para la lucha contra el cáncer infantil. “Estas iniciativas aumentan la motivación, bienestar y autoestima de nuestros residentes”, constata Victoria Pérez.

controlar el colesterol

Dieta sana y ejercicio físico, claves para controlar el colesterol

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El colesterol es imprescindible para el correcto funcionamiento del organismo, pero en exceso se convierte en un factor de riesgo cardiovascular. Por tanto, es necesario controlarlo. Esto se consigue con una dieta sana y ejercicio físico. También es importante  hacerse analíticas, al menos, cada año.

Tras las fiestas y comilonas es frecuente que aumenten los niveles de colesterol, un factor que debe controlarse para evitar problemas cardiovasculares, sobre todo en las personas mayores. Dieta y ejercicio físico, así como hacerse analíticas, al menos, cada año son algunas de las claves para controlar el colesterol.

Así lo explica la directora Sanitaria de ORPEA, Victoria Pérez: “El colesterol es imprescindible para el correcto funcionamiento del organismo, pero en exceso se convierte en un factor de riesgo cardiovascular. Por ello, es importante que las personas mayores sigan una dieta sana y equilibrada, se mantengan activas y practiquen alguna actividad física”.

Esta experta también subraya la importancia de realizarse análisis de sangre cada cierto tiempo, porque “el colesterol no duele ni muestra síntomas y la única forma de detectarlo y controlarlo es a través de un análisis de sangre”.

En este sentido, los equipos especializados y multidisciplinares de las residencias ORPEA examinan asiduamente a los residentes y les realizan analíticas con frecuencia, donde comprueban, entre otros valores, los niveles de colesterol y triglicéridos para prevenir complicaciones cardiovasculares.

 

Dieta sana, mejor para el corazón

Una alimentación con exceso de grasas, sobre todo saturadas (dulces, embutidos, carnes, alimentos procesados…) y grasas trans (fritos o empanados, alimentos congelados, patatas fritas empaquetadas y bollería industrial) es uno de los principales factores de riesgo para padecer hipercolesterolemia. Por tanto, para controlar el colesterol es aconsejable seguir una dieta sana. “La Dieta Mediterránea es la más recomendada. Es rica en verduras, legumbres y frutas, así como en pescado y cereales, sobre todo integrales”, sostiene la doctora Pérez.

La forma de cocinar estos alimentos también es relevante. Cocidos, a la plancha o al horno son las opciones más interesantes. Los cocineros de ORPEA tienen amplios conocimientos sobre la alimentación más adecuada para las personas mayores, y en sus centros se cocinan los alimentos en función de sus necesidades y preferencias.

 

Hay que controlar el peso

Controlar el peso también es crucial para rebajar los niveles de colesterol en sangre; sin embargo, es uno de los objetivos más complicados de conseguir. De hecho, la obesidad aumenta con la edad. Según la directora Sanitaria de ORPEA, para reducir el colesterol, “se debe revisar el consumo de grasas que realiza la persona, no solo en cuanto a la cantidad, sino también a la calidad”. Y es que las grasas son necesarias para el correcto funcionamiento del organismo, pero hay que escoger bien cuáles tomar. “Las más aconsejables son las grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, que son aquellas que se encuentran en los frutos secos, aceite de oliva, aguacates y pescado, sobre todo el pescado azul, que contiene omega 3”, concreta la doctora Pérez.

 

Realizar actividad física moderada

Practicar ejercicio físico aeróbico (andar, montar en bici, nadar) o desempeñar ejercicios de fuerza (subir escalones, hacer sentadillas, levantar peso…), al menos 30 minutos al día, ayuda a regular el colesterol de forma natural, reduciendo el colesterol malo (LDL) y elevando el colesterol bueno (HDL).

En las residencias ORPEA, se realiza ejercicio para mantener el bienestar y la forma física de las personas mayores. Estas actividades están adaptadas a las capacidades y necesidades de cada persona y, en muchos casos, son individualizadas y han sido prescritas por un equipo multidisciplinar que ha valorado previamente a la persona mayor.

 

difagia en las personas mayores

Atender la disfagia en personas mayores

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La alimentación es uno de los pilares fundamentales para lograr una mejor salud y calidad de vida en personas de todas las edades, pero especialmente en las personas mayores. Por eso es importante atender correctamente alteraciones que influyen en la nutrición e hidratación como la disfagia.

En las residencias ORPEA, la nutrición de los mayores es una cuestión relevante. Por eso realizan una valoración nutricional para conocer las necesidades de cada residente y poder adaptar la alimentación a sus requerimientos y  preferencias.

Una de las alteraciones que más influyen en la correcta alimentación de las personas mayores es la disfagia o dificultad para tragar alimentos, tanto sólidos como líquidos, e incluso la saliva. El propio proceso de envejecimiento es una causa en sí misma de la disfagia por el debilitamiento de los músculos implicados en acción de masticar y tragar, la pérdida de piezas dentales o la reducción de la salivación. Las personas con enfermedades neurodegenerativas, como alzhéimer o párkinson, también tienen mayor riesgo de padecer disfagia.

Para lograr que los mayores se nutran correctamente y disfruten del momento de la comida, que por otra parte es uno de los que más les motiva, es preciso modificar la textura. Con este fin, ORPEA ha innovado en el concepto de comida texturizada, y ha desarrollado una técnica de preparación de los alimentos que asegura una nutrición adecuada sin perder la esencia del placer por la comida. Asimismo, todos los centros ORPEA cuentan con cocina propia, liderada por cocineros, que ofrecen unos menús variados y que mantienen las propiedades organolépticas, estimulando así el sentido olfativo.

Atención para una mayor seguridad en la alimentación

Según datos recientes, el 51 % de las personas que viven en residencias padece disfagia. Por tanto, se trata de una alteración importante, tanto por su prevalencia como por sus consecuencias, ya que la disfagia puede favorecer la desnutrición y la fragilidad de las personas mayores, si no se realiza una alimentación adecuada y adaptada. Además, puede provocar tos y atragantamientos.

En ORPEA cuentan con la colaboración de logopedas que se encargan, junto con los médicos del centro, de diagnosticar y establecer el tratamiento apropiado de la disfagia. Además de trabajar la función deglutoria con el fin de mantener la funcionalidad, establecen ciertas premisas relacionadas con el entorno y con la postura a la hora de comer. Por ejemplo, estos especialistas recomiendan comer en espacios tranquilos y sentados de forma erguida. Se debe comer despacio y en pequeñas cantidades, sin utilizar pajitas ni jeringas. Tras la comida, es conveniente que la persona se mantenga incorporada durante al menos 30 minutos.

testamento vital

Testamento vital: planifica el final de la vida

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El testamento vital, también conocido como voluntades anticipadas, es un documento legal en el que la persona puede dejar constancia sobre cómo quiere ser cuidada por sus familiares y atendida por los profesionales sanitarios, por si en algún momento el estado de salud le impide expresarlo personalmente. Por consiguiente, planificar el final de la vida.

A partir de los 65 años, las personas se preocupan por hacer el testamento de sus bienes. Sin embargo, no se concede tanta importancia a dejar por escrito instrucciones sobre cómo quieren vivir sus últimos años. Para ello es preciso hacer testamento vital.

ORPEA defiende el derecho de la persona mayor a decidir cómo quiere vivir su vida. Por eso asesoran a sus residentes sobre los pasos que deben dar para elaborar el testamento vital o últimas voluntades. De este modo, garantizan su bienestar, respeto y dignidad. Así lo ponen de manifiesto en su “Decálogo para el buen trato en Residencias ORPEA”.

 

 

El objetivo del testamento vital es que se cumpla siempre la voluntad de la persona. Para ello, en este documento se designa un representante, incluso un sustituto de ese representante, que se encargará de ser el interlocutor cuando haya que tomar decisiones asistenciales, velando por el cumplimiento de las instrucciones previas planteadas. Esto también facilita a los profesionales sanitarios y sociosanitarios la toma de decisiones, en función de las preferencias del titular.

Información que contiene el testamento vital

Cada comunidad autónoma tiene su propia legislación sobre el testamento vital, por lo tanto, es conveniente informarse en la Administración Pública o en el centro de salud antes de redactarlo. Pero, en general, el documento suele contener:

  • Expresión de los deseos, preferencias y valores personales referentes al cuidado al final de la vida o cualquier otra situación que produzca pérdida de autonomía.
  • Instrucciones sobre el consentimiento de los tratamientos médicos que se desea recibir.
  • Nombres del representante, e incluso de un sustituto del representante.
  • Voluntad tras la muerte (donación de órganos, entierro, incineración, etc.).

¿Cómo hacer el testamento vital?

Para que el testamento vital tenga validez, se puede hacer ante notario, mediante acta notarial, o con testigos. En este último caso, será necesario hacerlo ante dos testigos mayores de edad. Uno de ellos no debe tener parentesco ni estar vinculado por relación patrimonial.

Además, es preciso que se registre este documento en el Registro de Voluntades Anticipadas de los departamentos de sanidad de la región. De este modo, los profesionales sanitarios tendrán acceso y podrán comprobar sus deseos asistenciales y voluntades.

Si se ha hecho testamento vital pero no se ha registrado, lo ideal es que la persona, los familiares o los representantes entreguen el documento en el centro sanitario donde se le está atendiendo para que se incorpore a su historia clínica.

En España, 280.000 personas mayores de edad han registrado de forma oficial su testamento vital o voluntades anticipadas, según los últimos datos del Registro Nacional de Instrucciones Previas del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, 30.000 más que el año pasado. Pero, ¿son suficientes? No dejes que otros decidan por ti. Decide cómo quieres vivir tu vida.

Diabetes en las personas mayores

Claves para controlar la diabetes en las personas mayores

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La diabetes es una enfermedad metabólica crónica muy prevalente en los ancianos. La Sociedad Española de Diabetes (SED) estima que una de cada tres personas mayores de 75 años tiene diabetes. Conoce las claves para controlar la diabetes en las persona mayores.

Esta enfermedad se debe a un mal funcionamiento del páncreas, lo que favorece un aumento de los niveles de glucosa (azúcar) en la sangre. La alimentación, el ejercicio físico y el seguimiento del tratamiento son las claves para controlar la diabetes en las personas mayores y evitar que se produzcan complicaciones que perjudiquen la calidad de vida y el bienestar de las personas que la sufren.

La diabetes se caracteriza porque el páncreas no genera insulina (diabetes tipo 1) o produce insuficiente (diabetes tipo 2) para llevar la glucosa a las células y que estas se transformen en energía. Como consecuencia de esta alteración, aumentan los niveles de glucosa en sangre. Y pueden afectar, a medio y largo plazo, a los riñones, los nervios, el corazón, las extremidades inferiores o la vista.

Para evitar que la glucosa aumente y produzca complicaciones, las personas con diabetes, además de seguir correctamente el tratamiento prescrito por el especialista, deben controlar su alimentación y practicar actividad física. Por ello, en los centros ORPEA “equipos profesionales multidisciplinares, especializados en geriatría, valoran al residente y determinan la intervención nutricional, de ejercicio físico y farmacológica adecuada a sus necesidades y a los objetivos que se pretenden lograr. Asimismo, hacen el seguimiento continuado”, explica la doctora Victoria Pérez, directora Sanitaria de ORPEA.

Alimentación en las personas con diabetes

Las personas con diabetes pueden tomar todo tipo de alimentos de forma equilibrada y en las medidas adecuadas para controlar su patología. No obstante, deben prestar especial atención a la ingesta de hidratos de carbono (pan, pasta, arroz, legumbres, cereales…), pues son los nutrientes que se transforman en glucosa.

“La Dieta Mediterránea sigue siendo la opción más recomendada”, explica Victoria Pérez. Cocina sencilla, rica en vegetales y con abundancia de frutas y verduras en la mayoría de las comidas. Asimismo, es importante mantener un peso saludable y evitar alimentos y bebidas ricas en azúcares y grasa saturadas: fritos, rebozados, empanados, bollería, salsas, alimentos procesados, cacao… Los hidratos de carbono, mejor integrales, y alcohol puede tomarse, pero con moderación.

En ORPEA el equipo médico y expertos nutricionistas elaboran menús específicos para las personas con diabetes, teniendo en cuenta las recomendaciones para estos residentes. Además, los centros cuentan con cocinas propias, en las que los chefs cocinan platos sanos y equilibrados con productos frescos y adaptados a las necesidades de las personas con diabetes.

Beneficios del ejercicio para las personas con diabetes

La actividad física es otro pilar fundamental del tratamiento de la diabetes, ya que ayuda a reducir la glucemia en sangre. No obstante, “es importante conocer cómo responde el organismo de cada persona, para regular el tiempo y la intensidad y evitar bajadas excesivas de glucosa durante o después del ejercicio”, sostiene la doctora Pérez.

Por ello, antes de practicar cualquier actividad, el equipo médico valora las capacidades de la persona mayor y prescribe aquellas que son más recomendables en su caso. En los centros ORPEA se realizan actividades físicas para mantener el buen estado físico de los residentes. Se trata de ejercicios dirigidos y coordinados por monitores que conocen las necesidades de cada persona y adaptan la terapia para conseguir unos objetivos concretos.

Control de la medicación

Controlar la medicación es fundamental para la buena salud y bienestar de la persona con diabetes. Siempre se deben seguir las recomendaciones de los especialistas. Además, se requiere de un seguimiento periódico de los índices de glucemia en sangre para evitar tanto las hiper como las hipoglucemias

Una de las complicaciones es la hipoglucemia, es decir, el descenso de los valores de glucosa en sangre por debajo de 70 mg/dl. Se caracteriza por la aparición de sudoración, mareo, confusión y, específicamente en personas mayores, caídas (con el consiguiente riesgo de fractura de cadera y de dependencia funcional).

Por otro lado, la diabetes aumenta el riesgo de eventos cerebrovasculares (ictus). Y debido a esto o al exceso de azúcar en sangre (hipergluciemias), las personas mayores con diabetes tienen mayor riesgo de presentar deterioro cognitivo y trastorno anímico.

Los profesionales de ORPEA prestan atención a todos aquellos mayores con enfermedades crónicas y/o polimedicados para conseguir una correcta adherencia al tratamiento y, en consecuencia, una mejor calidad de vida.

 

recuperación tras un ictus

Recuperación tras sufrir un ictus

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La recuperación tras sufrir un ictus requiere de una rehabilitación personalizada y adaptada a las necesidades del paciente. Así conseguirá la mayor funcionalidad y autonomía posible. En este sentido, las residencias, a través de sus estancias temporales, ofrecen servicios especializados dirigidos por profesionales expertos, que valoran e intervienen tratando las secuelas físicas, psíquicas y fisiológicas que hayan aparecido.

 

El ictus es una enfermedad cerebrovascular que supone la primera causa de discapacidad adquirida en el adulto y la segunda de demencia, después del alzhéimer. Al igual que la prevención y detección precoz del ictus es determinante, la rehabilitación de los pacientes que han sufrido un ictus es imprescindible para que recuperen la autonomía para realizar las actividades básicas de la vida diaria.

Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), dos de cada tres personas que han padecido un ictus en España tienen más de 65 años. Por ello, los centros residenciales de ORPEA abordan la rehabilitación de los pacientes de ictus. “El equipo multidisciplinar realiza una valoración integral de la afectación física/funcional y cognitiva del residente para conocer las secuelas y sus necesidades y, en base a los datos clínicos, se establecen los criterios para el tratamiento y manejo de la enfermedad”, señala la directora Sanitaria de ORPEA, Victoria Pérez.

Necesidades de los residentes

En la recuperación tras sufrir un ictus, las necesidades de los residentes son muy diferentes y dependen del tipo de ictus. “El ictus isquemico es el más frecuente y sucede cuando no llega ni oxígeno ni nutrientes a las células y se produce una lesión. Si la carencia de riego sanguíneo se prolonga, se produce un infarto cerebral. Mientras, el ictus hemorrágico es menos frecuente y sucede por la rotura de una arteria. La causa suele estar asociada a hipertensión en la arteria por malformaciones en los vasos, traumatismo craneal o una dilatación de la arteria (aneurisma). En este caso, además de no llegar sangre a las células del cerebro, puede haber presión sobre el mismo. Estos daños suelen ser más graves que los producidos por el ictus isquémico”, explica Pérez.

La rehabilitación es personalizada, con el objetivo común de lograr la recuperación del residente con las menores secuelas físicas, psíquicas y fisiológicas. Si bien las consecuencias varían, todos los pacientes siguen patrones comunes: “La afectación motora, sensitiva, cognitiva, comunicativa y/o socioemocional, entre otras, comprometen la independencia en las Actividades de la Vida Diaria (AVD), provocando la aparición de una mayor dependencia”, subraya la señala la directora Sanitaria de ORPEA.

Ahora bien, el ictus presentará la forma clínica correspondiente al territorio cerebral que haya sufrido el infarto. Entre las secuelas más frecuentes están la hemiparesia, disartria, disfagia, afasia, depresión y pérdida de funciones cognitivas.

La intervención del ictus debe ser multidisciplinar

En el proceso de neurorehabilitación, la intervención para la recuperación tras sufrir un ictus debe ser multidisciplinar, por parte de todos los profesionales: enfermeras, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, psicólogos, logopedas, etc., con el objetivo de rehabilitar las capacidades perdidas o alteradas para que el paciente pueda recuperar unos niveles de independencia óptimos.

También es fundamental establecer un plan dirigido a los profesionales de atención directa para que potencien las destrezas residuales del residente y fomenten su autonomía funcional en condiciones de seguridad. Para ello, siempre dentro de las posibilidades, es recomendable adaptar el entorno: habitación, mobiliario, estancia, comedor, etc.

Según explica Victoria Pérez, si bien trabajan de forma conjunta, “cada uno de los profesionales se centra en su campo de acción con el objetivo común de rehabilitar los aspectos motores, sensoriales o cognitivos afectados”:

  • El fisioterapeuta trabaja de forma global estructural; ayuda a reforzar destrezas como la marcha y el equilibrio, mediante la rehabilitación del miembro superior. Para ello, ofrece asesoramiento y entrenamiento en el uso de ayudas técnicas.
  • El terapeuta ocupacional potencia la recuperación e integración de los miembros superiores, entrenando al residente en las actividades básicas de la vida diaria y las instrumentales.
  • El psicólogo rehabilita la heminegligencia, el deterioro cognitivo leve, los cambios de personalidad y las alteraciones emocionales. Para ello, trabaja los cambios en la conducta social que generan problemas de convivencia y gran deterioro en la calidad de las relaciones interpersonales.
  • El logopeda aborda el déficit lingüístico. Para ello, se centra en la rehabilitación de la función perdida, en la adaptación de nuevos sistemas alternativos de comunicación o en ambas a la vez. También trabaja las alteraciones deglutorias, como las parálisis faciales y la disfagia neurológica.

 

 

las personas mayores deben comer más proteínas

Por qué las personas mayores deben comer más proteínas

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Las proteínas son uno de los macronutrientes fundamentales para el buen estado del organismo, junto a los hidratos de carbono y las grasas. Los tres se encargan de aportar energía al cuerpo; pero, además, las proteínas son clave para mantener la masa muscular y un correcto funcionamiento del cerebro. Por esta razón, las personas mayores deben comer más proteínas.

Según los expertos, cuando nos hacemos mayores necesitamos tener una dieta adecuada con un aporte de alimentos ricos en proteínas con el fin de preservar la masa muscular, máxime si se pierde peso, se padece una enfermedad crónica o aguda, o se está en el hospital. Durante estos periodos, que resultan más estresantes, el cuerpo de las personas mayores no procesa de manera eficiente las proteínas, por lo que requieren ingerir más cantidad para mantener la masa muscular y la fuerza, la salud ósea y otras funciones básicas.

Las proteínas pueden ser de origen animal o vegetal y se encuentran sobre todo en la carne, huevos, pescado, lácteos, legumbres (garbanzos, guisantes, lentejas, judías, habas…), cereales (arroz, maíz, trigo) y frutos secos (nueces, almendras, avellanas, pistachos…).

Las proteínas de origen animal son de alto valor biológico porque contienen los nueve aminoácidos esenciales que el cuerpo necesita. Esto significa que son más completas que las de origen vegetal.

Ingesta diaria de proteínas recomendada

La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece como ideal que el 15 % de las calorías diarias que se ingieran procedan de las proteínas (lo que equivale a 0,8 gramos por kilo que pesa la persona al día), el 55 % de los hidratos de carbono y el 30 % de las grasas. Sin embargo, “esta cifra de proteínas es baja porque en el envejecimiento están disminuidas las reservas proteicas en el músculo y su eficacia, por lo que se recomienda una ingesta de entre 1 y 1,25 gramos por kilo que pesa la persona al día”, explica la directora Sanitaria de ORPEA, Victoria Pérez.

Por otra parte, hay estudios que determinan que un tercio de las personas mayores no comen una cantidad adecuada de proteínas. Las razones son tan variadas como la falta de apetitito, problemas dentales, dificultad para tragar (disfagia), pérdida de sensibilidad gustativa, incluso restricciones económicas. Esta nutrición deficiente, unida a una tendencia más sedentaria en estas edades, predispone al deterioro más acusado de los músculos, lo que compromete la movilidad y la autonomía.

Además, ingerir menos cantidad de proteínas de las recomendadas también puede influir de forma negativa en el correcto funcionamiento del cerebro, provocando pérdida de memoria, dificultad en el aprendizaje o falta de concentración. Por lo que las personas mayores deben comer más proteínas. 

Tomar proteínas en todas las comidas del día

Estudios recientes ponen de manifiesto que las personas mayores que consumen una cantidad adecuada de proteínas mantienen mejor su capacidad para realizar las actividades básicas de la vida diaria (ABVD) como vestirse, levantarse de la cama, subir o bajar escaleras, cocinar, etc.

Las proteínas no se pueden almacenar, los nutricionistas aconsejan repartir su ingesta en las diferentes comidas del día. “Las personas mayores deben comer de 25 a 30 gramos de proteína por comida”, indica Victoria Pérez. Es frecuente que se incluyan proteínas en el almuerzo y en la cena, pero no tanto en el desayuno. Es en esta comida donde debe reforzarse la ingesta, complementando los lácteos (leche, yogur, queso, etc.) y cereales (pan, galletas, cereales …) con huevo, pavo o cualquier otro alimento más proteico.

Las personas mayores tienen que disfrutar de una dieta adecuada a la edad,  y adaptada a las patologías principales del mayor, satisfaciendo  sus requerimientos nutricionales. Por ello, en ORPEA disponen de cocina propia, donde se preparan menús adaptados a las necesidades de los residentes, diseñados por un nutricionista y revisados por el servicio médico.

8 beneficios de comer una cantidad adecuada de proteínas

  • Aporta energía.
  • Mantiene un buen estado de los músculos, huesos e integridad cutánea.
  • Evita la pérdida de masa corporal.
  • Mejora la capacidad funcional para realizar actividades cotidianas.
  • Ayuda a prevenir la fragilidad y la sarcopenia.
  • Favorece el correcto funcionamiento del cerebro.
  • Previene problemas de demencia.
  • Mejora el estado de ánimo, favoreciendo la socialización.
Prevenir la depresión en las personas mayores

Prevenir la depresión en las personas mayores

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Una de cada cinco personas desarrollará un cuadro depresivo a lo largo de su vida. Y una etapa con cierta predisposición es la de la tercera edad. De hecho, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) advierte de que la depresión es el trastorno afectivo más frecuente en ancianos. Por tanto, es importante prevenir la depresión en las personas mayores.

Los expertos insisten en que el ánimo triste no forma parte del envejecimiento normal y que la depresión disminuye de forma significativa la calidad de vida de la persona mayor y puede derivar en discapacidad, por lo que se convierte en un importante problema de salud. En este sentido, se hace indispensable un diagnóstico y tratamiento efectivo, así como emprender acciones que prevengan este síndrome geriátrico.

Sentimientos de inutilidad, culpa, tristeza (aunque puede no ser llamativa), ansiedad, pérdida de la capacidad de disfrute, irritabilidad fácil, baja tolerancia a la frustración, fatiga, llanto fácil, falta de concentración, dificultad para recordar detalles y tomar decisiones, pérdida del apetito, adelgazamiento y trastornos del sueño (insomnio o hipersomnia) son algunos de los síntomas más destacados que pueden alertar de que la persona está sufriendo una depresión. Por tanto, tener en cuenta estos signos es clave para consultar al médico, con el fin de que se pueda diagnosticar la depresión a tiempo. Pues el diagnóstico y tratamiento precoz evitan complicaciones cognitivas y funcionales, y revierte de manera más sencilla los trastornos que hayan aparecido como consecuencia de este cambio en el estado de ánimo.

Para prevenir la depresión en las personas mayores, los equipos multidisciplinares de las residencia realizan intervención psicoterapéutica para contención y apoyo, manejo de la pérdida y del cambio de roles. Además, “se trabaja la aceptación del deterioro funcional y la dependencia (cuando ésta sea irreversible), se enfatiza la estimulación cognitiva y todas aquellas actividades que permitan la recuperación de la esperanza y la promoción de los factores protectores de la salud mental”, asegura la directora Sanitaria de Grupo ORPEA, Victoria Pérez.

Causas que pueden producir la depresión en personas mayores

Las causas de la depresión pueden tener su origen en distintos factores. Uno de los más importantes es padecer una o varias enfermedades crónicas (diabetes, enfermedad cardiovascular, cardiopatía isquémica, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), cáncer…). Se estima que cerca del 25 % de los pacientes con dos o más patologías presenta depresión. También existen fármacos que se asocian a una mayor predisposición a la depresión. Por su parte, la doctora Victoria Pérez sostiene que “el cambio de roles, la reducción de las actividades sociales y de ocio, la limitación funcional, el dolor, el aislamiento secundario a todo lo anterior y la pérdida de autoestima asociada podrían influir y favorecer este trastorno de modo reactivo”.

Actividades que previenen la depresión en las personas mayores 

Para prevenir la depresión en las personas mayores, en los centros “se organizan actividades recreativas y espectáculos variados que tienen como objetivo facilitar la vida en comunidad, divertirse y promover diversos intereses creativos y culturales. Por otra parte, programan salidas al exterior que estimulan la socialización y rehabilitación emocional. Esta finalidad también se consigue con talleres, conferencias, teatro, canto, costura y baile”, concreta la directora Sanitaria de ORPEA.

Las actividades de fisioterapia de las residencias también aportan importantes beneficios relacionados con la mejoría y mantenimiento de la movilidad, el tratamiento no farmacológico del dolor, la rehabilitación en relación con el aspecto físico y funcional para mejorar la autopercepción y la autoestima y logran una mejor autonomía.

Del mismo modo, la terapia ocupacional se ofrece una intervención rehabilitadora en todos los sentidos, funcionales, cognitivos y emocionales, a través de talleres grupales como huerto terapéutico, musicoterapia, terapia con animales, arteterapia, cocina terapéutica, tertulias y talleres de memoria.

Como explica Victoria Pérez, “el mayor debe tener la oportunidad de acceder a todas las opciones posibles que garanticen un envejecimiento activo, participativo, que le permitan sentir que continúa formando parte de la sociedad y con propuestas interesantes que le proporcionen bienestar, seguridad  y buena calidad de vida”. 

 

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