Prevenir los problemas de circulación

7 agosto, 2019Un día en ORPEA

Los problemas de circulación afectan a la mayoría de las personas mayores y pueden derivar en patologías graves como, por ejemplo, úlceras venosas. Se producen a causa de un flujo sanguíneo inadecuado, que es la incapacidad de las venas para que la sangre continúe su camino, lo que provoca que circule de forma más lenta y se acumule en las extremidades, sobre todo en las piernas y los pies. Es lo que se conoce como insuficiencia venosa, que se ve agravada por malos hábitos de vida, como fumar o abusar del consumo de alcohol, llevar una dieta rica en sal y grasas saturadas, tener sobrepeso y tomar ciertos medicamentos. “Los problemas de movilidad, que obligan a las personas mayores a permanecer más tiempo sentadas, también es un importante factor de riesgo”, explican desde el Departamento Sanitario de ORPEA. Estos expertos nos muestran cómo prevenir los problemas de circulación.

¿Tengo problemas de circulación?
Los síntomas de los problemas de circulación en las piernas son fáciles de identificar. Los profesionales de ORPEA enumeran los principales:

  • Hormigueo y calambres o pinchazos. Los depósitos de grasa bloquean el flujo sanguíneo de las arterias, lo que impide que la sangre fluya a las extremidades produciendo una característica sensación de adormecimiento.
  • Hinchazón e inflamación de las extremidades y sensación de pesadez, sobre todo de las manos y tobillos, especialmente a última hora del día. La retención de líquidos también favorece la hinchazón.
  • Arañas vasculares. Su color suele ser rojizo o azul y se producen en la capa más superficial de la piel.
  • Las venas se ensanchan y dilatan, porque la sangre se acumula en ellas. Es habitual, sobre todo, en personas que pasan mucho tiempo en la misma posición.
  • Alteraciones en el color de la piel y uñas, porque no llega suficiente oxígeno y toman tonalidades azuladas.
  • Piel muy seca, ya que la sangre no llega a las zonas más superficiales de la piel. Incluso pueden aparecer heridas.
  • Frío en manos y pies, ya que la sangre no retorna de manera correcta y no puede mantener la temperatura.
  • Grietas en el talón por falta de riego sanguíneo.
  • Cicatrización lenta de heridas, porque los glóbulos blancos no se muevan a la velocidad adecuada. También pueden aparecer úlceras.

Todo ello hace que la persona se sienta más cansada y sus movimientos sean más lentos, ya que la mala circulación sanguínea hace que el oxígeno y los nutrientes lleguen con más dificultad a las extremidades.

Consejos prevenir problemas de circulación
Para prevenir problemas de circulación, lo más aconsejable es apostar por hábitos de vida saludables. “Una dieta equilibrada, rica en frutas y verduras, y baja en sal y grasas saturadas, es el punto de partida; así como una correcta hidratación para evitar la retención de líquidos”, subrayan desde el Departamento Sanitario de ORPEA.

Por otra parte, caminar y practicar ejercicio mejora la circulación. “Si la persona tiene problemas de movilidad, puede elevar las piernas cuando se encuentre sentada o tumbada y, al mismo tiempo, mover los dedos, los pies, las manos o las piernas como si estuviera montando en bicicleta para activar la circulación”, recomiendan. En este sentido, los masajes en piernas y pies resultan muy efectivos. Al igual que ducharse con agua templada y acabar con un chorro de agua más fría de lo habitual, haciendo especial hincapié en las piernas y tobillos. Después del baño es importante hidratar bien la piel con una crema adecuada para evitar la sequedad o la aparición de durezas y grietas.

Otra cuestión que hay que tener en cuenta es la conveniencia de utilizar ropa y calzado cómodo y holgado, evitando calcetines que presionen las piernas. Sin embargo, las medias de compresión ayudan a evitar la aparición de varices, aunque su uso debe estar supervisado por un especialista.

Finalmente, recordar que con el calor las venas se dilatan, lo que dificulta el retorno de la sangre y, por tanto, debemos evitar la exposición prolongada al sol. Por el mismo motivo, en invierno no debemos ponernos cerca de fuentes de calor directas como radiadores, braseros o chimeneas.

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