La bonita carta de esta estudiante de Enfermería sobre su experiencia en una residencia: “Por primera vez he sentido que estoy donde tengo que estar”

14/12/2021

“Cuidar, curar y acompañar a las personas mayores ha sido precioso”. Así lo expresa Mercedes Winkow Gómez, estudiante del tercer curso de la Escuela de Enfermería Fundación Jiménez Díaz-UAM, que durante un mes de prácticas ha formado parte de la familia ORPEA, en concreto de la residencia ORPEA Aravaca.

En una carta escrita para el blog de la Escuela de Enfermería Fundación Jiménez-Díaz-UAM, Mercedes reconoce que ha encontrado su vocación: “Hasta el día de hoy me preguntaba cuál sería la especialidad en enfermería que más me pudiera gustar, pero ya lo tengo claro, geriatría es la rama que, por ahora, más me motiva. Gracias a estas prácticas he descubierto cuál es mi vocación en el mundo de la Enfermería: la Geriatría”.

La futura enfermera describe la mezcla de emociones que ha vivido al tener que despedirse en su último de día: “Alegría y tristeza. Nunca había tenido un sentimiento tan fuerte al salir de mis prácticas”. Tristeza, por tener que decir adiós a la gente, compañeros y personas mayores, con las que ha compartido tanto en tan poco tiempo. Pero también destaca la gran satisfacción: “Por primera vez he sentido que estoy donde tengo que estar”.

Mercedes explica que se ha sentido como en casa y define muy bien cómo es trabajar y vivir en una residencia: “Personalmente, estar y trabajar en una residencia es algo muy especial, ya que la residencia es el hogar de estas personas. No es un hospital, ellos viven ahí y han establecido un hogar, y tú, como enfermera, eres aquella persona que se introduce en su hogar para acompañar y ayudar”.

Durante sus prácticas en ORPEA Aravaca, esta estudiante de enfermería ha conocido mejor qué necesitan las personas mayores y cómo atenderlas con respeto y cariño. Además, ha experimentado ese amor recíproco que las personas mayores transmiten cuando se sienten cuidadas: “Son todo un mundo. No solo te cuentan historias de su juventud, sino que también te transmiten mucho amor y felicidad. No todo siempre es felicidad, como cualquier persona, muchas veces necesitan que seas su almohada para desahogarse de sus miedos y penas. Muchos tienen miedo a la muerte, ya que la ven muy cercana o miedo a que sus enfermedades de base empeoren. A mí personalmente, me encanta ser esa persona, a la que les gusta contarle sus batallitas y penas, y con la que se sienten cómodos”.

El contacto cercano con los residentes y la relación de confianza que se estable entre profesionales y residentes es lo que más ha gustado a Mercedes. Porque, como ella misma refiere, poder conocer bien al residente es necesario para atenderle mejor. Asimismo, hace hincapié en la coordinación entre los distintos profesionales. “El tener un equipo de profesionales tan conectado me ha gustado mucho. Todos los profesionales eran importantes y se les trataba a todos por igual, no existía la jerarquía. Aunque parezca una tontería, todos los profesionales llevaban pijama, lo cual no te hacía sentirte por debajo de nadie. La propia médico llevaba pijama, en vez de bata y su propia ropa (como se puede ver en muchos hospitales)”. Y es que los detalles marcan la diferencia en la atención, pero también son un ejemplo y un aprendizaje que suma en la trayectoria profesional de aquellos que cuidan.

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